Muestra





Felipe Carlos Pino es uno de los más grandes pintores argentinos contemporáneos, un creador originalísimo que ocupa un lugar de enorme relevancia en la pintura local. El lenguaje innovador, la audacia para resignificar la tradición y las extraordinarias dotes de colorista son sólo algunos de los muchos elementos significativos que lo caracterizan y distinguen.

Esta retrospectiva es, hasta ahora, la muestra más grande y exhaustiva dedicada al pintor en nuestro país, e implica una suerte de demorada reparación histórica. Desde hace mucho tiempo se le debía a Pino una exposición que diera cuenta, de la manera más abarcativa posible, de su excepcional e inagotable producción.

Las obras que se exhiben en esta muestra están organizadas cronológicamente. De todos modos, también es posible realizar lecturas transversales que vinculen épocas y conceptos. En cualquier caso, no importa cuál sea el recorrido que se trace, se corroborará la originalidad de este pintor y el carácter inigualable de su producción.

Pino comienza a pintar en la década del 70, estimulado por Manuel Álvarez, su maestro fundamental, e influido por los grandes nombres de la pintura argentina. Su trabajo en el Banco Municipal le permite entrar en contacto directo con importantes cuadros que funcionarán como referencias visuales para sus obras. Es una suerte de preámbulo a la relación que enseguida establecerá este artista con el universo de los otros objetos que lo rodean, relación que va a exceder en gran medida el mero ejercicio de catalogarlos para convertirlos en un punto crucial de su imagen pictórica.

La vibrante intensidad cromática en las abstracciones del Pino de los comienzos se multiplicará y hará más compleja a mediados de los 70, hasta culminar en el estallido majestuoso que caracteriza su obra en los años 80. A principios de los 90, su producción empieza a registrar un paulatino remanso en el gesto y en la modulación del color, a partir de lo cual Pino construirá inesperadas ambientaciones y esquemáticos personajes. Así comienza una nueva etapa que anticipa estos últimos años del pintor, en pleno combate y, más que nunca, al comando de sus inagotables recursos.


                                                                                                              Eduardo Stupía