Muestra





En el heterogéneo paisaje del arte contemporáneo múltiples producciones evocan un cúmulo de recuerdos, desechos, resabios, legados, dones y herencias con los que convivimos todos los días. Son investigaciones que abren tanto mundos particulares, universos personales, como nuestros consumos y desperdicios más comunes y compulsivos.
Estas exploraciones hacen visibles nuestros usos de aquellos objetos, imágenes y narrativas que determinan nuestros entornos rutinarios. Reparan en los espacios públicos o privados que habitamos, haciendo foco en la utilización efectiva que les damos, en las huellas que dejamos en ellos. Se interrogan acerca de lo que hacemos con las cosas existentes, cómo reinterpretamos aquellas cargas o tesoros que encontramos en la vida cotidiana.
Soberanía del uso: apropiaciones de lo cotidiano en la escena contemporánea da a ver una tierra baldía, donde irrumpe un mosaico variopinto de emparches, ocurrencias, chapuzas, combinaciones insólitas, relatos y lecturas imprevisibles. Es el aluvión de un conjunto de artes del hacer. Tácticas inesperadas y siempre precarias que intervienen el terreno expansivo de la producción racionalizada con modos propios de hacer y sentir.
Se conforma un mapa de la actuación de los usuarios sobre los artefactos impuestos por la hegemonía cultural, de su reciclaje. Estas acciones poéticas y políticas emergen en un espacio diferente de la producción y del consumo, que caracteriza las actividades diarias. Es una reivindicación contemporánea del ‘hágalo usted mismo’ (Do it yourself).
Lo cotidiano también se define como un ambiente inmediato, un entorno próximo. En esta escena de la cercanía, las destrezas ordinarias se rebelan contra la división de saberes y actividades especializadas. Rechazan cualquier tipo de abstracción o distancia, las alienta una voracidad irreprimible por lo cercano, lo particular, lo concreto. Es un territorio abierto a la circulación de procedimientos profanos, de lo que se hace con los restos de otros órdenes parasitando sistemas preexistentes. Aquí circulan residuos, saberes y afectos anacrónicos, supervivencias de fragmentos ruinosos, antiguas y nuevas formas comunitarias entremezcladas hasta lo indiscernible.
Estas jugarretas se contraponen por tanto a la posición del especialista y desafían el control disciplinario, con lecturas y acciones divergentes de los programas previamente diseñados, experiencias singulares. Es el ámbito de soberanía del uso, de lo que se hace con lo ya hecho en un movimiento que reúne simultáneamente reflexión y operación, invención y ejecución, creación y reproducción.


                                                                    Federico Baeza y Sebastián V. Mackinson