Intervención




Al comenzar este proyecto, yo imaginé transformar el espacio en una gruta, un escondite secreto en el cual se concretaría una historia de amor al estilo de Tristán e Isolda. Un paraíso y un refugio, lugar en donde desataría las más alocada de las pasiones.
Este último tiempo me di cuenta de que es un reflejo mío usar personajes como excusa.
En medio de todas estas telas blancas, mientras las armaba y daba forma, pensé que si pudiera escribir lo haría mientras duermo ahí donde tengo confianza de que puedo hacerlo todo. Donde luzco mi vestido de novia, corto la torta de mi casamiento, decoro mi casa y pacientemente engendro. Donde no tengo que esconderme, ni pensar en las miles de cosas que no me dejan ser quien se espera que yo sea. Ese peso inmenso que es cargar con expectativas y miradas ajenas siempre insatisfechas.
En vez de eso, al despertar, de manera consciente, juego con lo que debería ser cocido, pero que se deshace en mis manos, como la vajilla y esculturas realizadas en manteca, mientras bailo moviendo mi cuerpo en ésta que ahora me doy cuenta, es mi casa y digo: es mi representación de la idea de mi hogar, de mis bienes. Esta es la ropa que visto, en este lugar descanso. Algo que ha quedado después de todos estos años de intentar llenar mis carencias. Pero que a la vez se puede desvanecer en un instante, derritiéndose o solo con el hecho de despertar.

Aquí, en este lugar, reduzco todo a una sola cosa, vuelvo seguro y confortable a eso que no tiene ni bordes, ni límites, ni contención.

Hago todo esto mientras los espero en casa.

                                                                                                                     G. P.