Exhibición

                                                                

                                                                 La obra de Butler es, no un paisaje o un jardín 
                                                                 determinados, sino un ambiente; es como si
                                                                 dijéramos un estado del mundo, un estado de ánimo
                                                                 del ánimo del cielo y de la tierra.*



La doble condición de Butler −artista y sacerdote dominico− hizo que muchas veces su obra fuera interpretada en clave religiosa. La crítica dotó a sus pinturas de un velo místico. En esta exposición nos proponemos sumar otros posibles acercamientos; los agrupamientos de obras se basan en ciertas temáticas trabajadas por Butler, dejando de lado los planteos cronológicos. La sala misma intenta emular la arquitectura claustral: el centro está rodeado en sus laterales por las imágenes creadas por Butler, claustros, arboledas y paisajes solitarios.

Butler fue analizado habitualmente como un solitario; sin embargo, la suya fue una figura muy activa en el campo artístico: era un sacerdote que vivía fuera del convento, en las instituciones educativas en las que se dedicaba a la enseñanza de la pintura. Fue uno de los miembros fundadores de la Academia Nacional de Bellas Artes en 1936; también fundó su propia Academia de Arte Cristiano en 1939 sobre la calle Florida, epicentro del movimiento artístico de aquel entonces. Participó asiduamente en diversos certámenes artísticos, tanto nacionales como provinciales y municipales; se relacionó con artistas que promovieron la renovación de las artes visuales locales. Algunos de ellos fueron Pablo Curatella Manes, Juan Manuel Gavazzo Buchardo, Alfredo Guttero, Octavio Pinto y Miguel Carlos Victorica. 

Su principal referente artístico fue un pintor del siglo XV, el Beato Angélico, también artista y sacerdote dominico. Valoraba su tratamiento plástico y, principalmente, lo que él definía como su contenido emotivo: consideraba al arte como la exteriorización de sentimientos religiosos. Otros artistas influyentes para él fueron los franceses Puvis de Chavannes y Maurice Denis. Del primero admiraba su obra, y del segundo, principalmente, su figura intelectual. Así, rescataba una línea que se iniciaba con los artífices de la Edad Media y que se distanciaba de la tradición ilusionista inaugurada por el arte renacentista.

La materialidad de sus obras es otro aspecto explorado en la muestra. Butler pintó sobre diversos soportes: cartón, madera, tela, con distintas técnicas, óleo, acuarela, témpera, temple; realizó dibujos con lápiz, tinta e incluso, lápices de colores. Sin embargo, y más allá de su gran producción y su sostenida presencia en el medio artístico de la época, su máxima aspiración era la decoración mural de un templo,
tarea que recién pudo desarrollar en la iglesia de la Inmaculada Concepción de Villa María a comienzos de la década de 1930. Nunca logró que su propia orden le comisionara las pinturas de una iglesia. Realizó también vitrales −emplazados tanto en iglesias como en capillas particulares− y dos murales mosaicos para la estación Plaza Italia de la línea D del subte en 1938. En este sentido, una cuestión interesante para destacar es que en el Salón Nacional de 1925 obtuvo el Primer Premio con un pastel, una técnica que en esa época era considerada menor y que no había sido distinguida hasta ese momento. Así, nos encontramos frente a un universo material muy diverso, con una amplia gama de soportes y una gran complejidad técnica.

De más está decir que no vamos a encontrar en Butler alusiones directas al convulso momento histórico que le tocó vivir. La inmigración, la industrialización, el ascenso del radicalismo, los golpes militares, las dos guerras mundiales, la guerra de España, el peronismo, sonalgunas de las cuestiones ausentes en él. Su obra se nos presenta como detenida, sin contingencias; una pintura que pareciera situarse
fuera del tiempo.

                                                                                                                          T. K.





* Delfina Bunge de Gálvez, “El paraíso perdido. A propósito de los cuadros de Fray Guillermo Butler”, en Ensayos y Rumbos, septiembre de 1924.