Intervención




Dibujar sobre la página en blanco es componer un mundo desde la nada. Todo cambia cuando esa página en blanco es una arquitectura, un espacio definido, con materiales que hablan de coordenadas específicas. 

Estas salas tienen una presencia contundente. Las líneas arquitectónicas y un color que busca ser neutro, resultan fuertes a la hora de pensar una exposición. 

Para dialogar con la arquitectura de la sala tracé líneas, puntos y planos—elementos básicos del dibujo—que acentúan, complementan o entran en tensión con el espacio. Estas líneas realizadas en papel blanco reflectivo se vuelven protagónicas al bañarlas con luz negra. Las formas aparentemente fantasmales dialogan con la arquitectura de la sala, la redibujan y rebaten el plano por causa de la luz. 

La dinámica de este dibujo, presente y evanescente al mismo tiempo, insinúa otro espacio posible. Cuando el espectador se sumerge en la instalación, percibe un movimiento virtual, el ojo recorre la sala pasando de un elemento a otro, en la intermitencia entre lo dado (la sala) y lo nuevo (la instalación). 

Me gusta pensar que lo que guía esta instalación es una base rítmica, un elemento común entre el dibujo y la música. Al transitar la obra, el espectador —con sus ropas y zonas de su cuerpo sensibles a la luz negra—pasa a ser otro elemento móvil de la composición. En sus recorrido, tal vez imprevisibles, siempre variables los visitantes aportan un componente de improvisación que, como en el jazz, genera versiones y variaciones sobre el tema.


                                                                                                                                  C. I.