La Vidriera





Detenerse.
Stop.
Esa es la cuestión primordial que en estos días atraviesa cualquier producción artística.
Tener la capacidad de hacer aminorar el paso y la velocidad cerebral para poder contemplar.
Estamos rodeados de estímulos visuales, solo basta mirar a nuestro alrededor. Gente, carteles, publicidades, vidrieras, celular, etcétera.
Esta situación fue in crescendo hasta llegar al momento en que nos encontramos ahora.
Reflexionemos un segundo.
Una cascada congelada flotando en el medio de una vidriera.
La fina capa de vidrio separa la calle de la obra y permite al espectador especializado y al transeúnte corriente poder unirse con un fin común.
Escrutar.
Analizar minuciosamente lo que tenemos delante de nuestros ojos e ir mas allá. Dejar que la cabeza haga asociaciones libres de formas, de colores, de movimientos. Buscando caras, personajes ocultos, caprichosos, imperceptibles. Calcular cuántos blancos distintos podemos apreciar, cuántos grises, cuántos negros.
Observar una obra en esta situación privada/publica no es algo que nos suceda a diario.
Aprovechémonos los unos a los otros.
Prestémonos más atención.
Adentrémonos en el misterio.
Soñemos.

                                                                                                                              H. S.