Muestra





Aída Carballo nace en 1916 en el barrio más antiguo de Buenos Aires, San Telmo. Egresa de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón en 1937 y continúa su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova. Recibe su primer premio en el año 1948 y a partir de ahí inicia su conquista de reconocimientos artísticos tanto en el país como en el exterior.

Sin embargo, quizás por una cuestión de género o por la elección de la disciplina artística, su figura no logra la trascendencia artística que se merece.

El grabado, la cerámica, el dibujo, la ilustración y la pintura dan cuenta de la vasta producción de Aída Carballo. La intención de la muestra es transitar el mundo de Aída a través de su legado tanto plástico como literario, desde sus series más emblemáticas, pasando por sus obras premiadas y recorriendo las distintas disciplinas artísticas en las que exploró.
 
Pensar la obra de Aída Carballo es percibir la pasión, la sensibilidad, la melancolía, la entrega y el amor, tanto en la realidad y lo cotidiano, como también en lo onírico y lo mágico. La artista lo explicó de esta manera: “Yo creo tener dos fuentes de inspiración […] Una muy irracional, sumergida en una zona inconsciente, sutil. Y la otra el entorno. Yo extraigo la anécdota de los aconteceres cotidianos: del colectivo repleto, de la calle, de los patios, de los vecinos, así como viene de afuera yo lo recibo y lo asocio a aquella sensación interior. Así hago que confluyan ambos ríos”.
 
Gran parte de la producción artística de Aída Carballo está dividida en series, la primera data del año 1963: Los locos. Dos años después exhibe seis litografías de su nueva serie: Los amantes. En 1967 aparecen Los levitantes, a continuación muestra Los colectivos y, finalmente, en el año 1975 presenta su última serie, Las muñecas.

Aída trabajó muchos otros temas, pero no los agrupó en series. De todos modos sería fácil ordenarlos, ya que todo lo que a Aída le interesaba tenía que ver con su entorno. Las casas y sus zaguanes, las terrazas y vistas urbanas, sus vecinos y sus gatos. Transitó por la abstracción y por el movimiento pop. Retratos y autorretratos son otro tema recurrente, lo autorreferencial también está presente en su obra; el deseo de Aída es hacernos partícipe de su vida. Casi como una corresponsal o una cronista va dejando un registro preciso y precioso de sus pasos.

Su vida no fue fácil ni lineal; pese a las dolorosas experiencias emocionales que sufrió durante algunos períodos, encontró refugio en el arte. Eternizó cada recuerdo en sus obras y supo reflejar sus sentimientos más profundos y su vivencia más cruda.

El propósito de esta muestra no es solo conocer sus obras plásticas sino también su palabra, sus escritos nos permiten acercarnos aún más a su obra. Esta necesidad de exteriorizar su vida nos invita a transitarla junto a ella. Hay un encuentro indiscutible entre el sentir y el crear, entre una dramática vida y una maravillosa producción, signada por la pasión.

Este merecido homenaje nos permite conocer las múltiples facetas creativas de esta artista: apasionada grabadora, incansable dibujante, ceramista, ilustradora; mujer divertida aunque solitaria y misteriosa.
Hay una frase que la define y que sintetiza su vida y su producción: “Pienso que lo que hago es soñar despierta, una especie de desdoblamiento de la imaginación sobre el papel…”.


Gabriela Vicente Irrazabal